Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL
DE GÉNERO
4-3).- TASA DE GANANCIA Y OPRESION DE LA MUJER:
La necesidad de acumulación está siempre presente en las preocupaciones burguesas, pero sus ritmos y momentos de comprobación son más lentos que otras necesidades más urgentes. Los ritmos de acumulación oscilan más lentamente que otros ritmos, y lo hacen en plazos más largos, pero por eso mismo sus oscilaciones son definitivas porque sacan a la luz la "verdad" histórica de proceso capitalista, su buena o mala salud. Por eso, sin olvidar su importancia clave, la burguesía presta una atención más próxima e inmediata a otros procesos más inmediatos y de ciclos más cortos. Una de las obsesiones del neoliberalismo, en este sentido, es la de vigilar más de cerca esos ciclos cortos para no sólo maximizar las ganancias sino para acelerar e imprimir velocidad a sus realizaciones, a lo que se llama proceso de circulación y realización del capital. Esta velocidad impresa mediante la intervención tenaz del Estado y de las organizaciones empresariales, incluidas las oficialmente criminales, afecta sobremanera a la vida de las clases trabajadoras, y en especial a las mujeres que deben adaptar sus trabajos domésticos a los ritmos crecientes de la explotación que ellas misma padecen fuera de casa, y que padecen también sus maridos e hij@s que trabajan asalariadamente, etc. Lo que la propaganda oficial denomina "vértigo social", por ejemplo, no es sino una de las expresiones desquiciadas de la obsesión burguesa por acelerar la circulación y realización del capital, es decir, por imprimir velocidad a la explotación y a la producción de plusvalía. Y aquí interviene decisivamente la tasa de ganancia.
¿Qué es la tasa de ganancia? Es la relación entre la plusvalía que el capital obtiene y la suma del dinero que ha adelantado para obtener esa ganancia. Por ejemplo, un empresario invierte cien millones en todos los gastos que le supone el proceso de trabajo asalariado de 10 obreras, incluidos los derechos sociales y sindicales alcanzados, y con esos 100 millones obtiene una plusvalía de 120 millones. La tasa de ganancia es la relación entre esos 120 millones últimos y los 100 iniciales, es decir, 20 milloncitos de nada que engordan el bolsillo de ese tirano. Pero quiere y necesita tener más dinero, y expulsa a las trabajadoras y tras recurrir a una ETT -esclavismo moderno legalizado- contrata sin los derechos anteriores a 8 trabajadoras para que realicen incluso más trabajo del que hacían las 10 anteriores, ahora en paro y condenadas a pudrirse en el "dulce hogar" o a rebajar sus condiciones de trabajo asalariado. Logra así reducir los 100 millones de gasto previo a 90 al tener que pagar menos salarios y menos tasas a la seguridad social, y al aumentar la intensidad y el tiempo de trabajo, logra que "sus" trabajadoras produzcan más, con lo que su plusvalía sube de 120 millones a 130. Ahora el empresario obtiene una tasa de ganancia superior pues había invertido 90 millones y ha obtenido 130, es decir una ganancia de 40 millones Si comparamos este segundo resultado con el primero vemos que ha aumentado "milagrosamente" de los 20 primeros a los 40 últimos. La tasa de ganancia se ha doblado a costa del aumento de la explotación de las mujeres trabajadoras.
¿Pero sólo explotación laboral? No, desgraciadamente no. Porque al reducirse los derechos laborales y sindicales, esas trabajadoras tienen menos defensas contra la explotación de su fuerza de trabajo, pero también contra las groserías, acosos y abusos del empresario o de sus perros guardianes, los capataces. Es decir, al debilitarse la defensa de las trabajadoras aumenta la impunidad del patrón, y éste puede chulearse, pavonearse y hasta excederse con ellas o con alguna con la que se ha encaprichado. Sucede así que un debilitamiento de las conquistas obreras supone automáticamente un aumento de la opresión patriarcal y sexista en los sitios de trabajo. A la explotación laboral incrementada se le añade el incremento de la opresión sexista en esos mismos sitios de trabajo. Pero esto no es todo ya que al debilitarse la capacidad colectiva de presión de la clase trabajadora contra la clase burguesa en y mediante los contratos colectivos, etc., debilitados por el aumento de la precarización en los contratos y demás, entonces aumenta el desánimo y sobre todo las presiones contra las mujeres para que vuelvan a casa. En esas condiciones de desventaja con respecto a los derechos alcanzados anteriormente y luego destruidos por el capitalismo, las mujeres trabajadoras han de mendigar un puesto de trabajo sin apenas pretensiones, aceptando cualquier inmundicia y sabiendo que pueden ser despedidas con mucha más facilidad que antes, con lo que se ven obligadas a aguantar, a no protestar, a callarse y no denunciar la chulería y los acosos sexuales. A la explotación endurecida se le ha sumado la opresión de género envalentonada.
¿Pero sólo explotación laboral y opresión patriarcal? No, desgraciadamente no. Los ataques generalizados contra las clases trabajadoras y en especial contra las mujeres siempre van precedidos por campañas de justificación y de engaño, por propaganda de los valores burgueses de individualismo y egoísmo, del sálvese quien pueda... Y, en lo que nos toca, por campañas de fortalecimiento del machismo, del mito de la "esencia femenina" y del "instinto maternal", etc.,., destinados a justificar los despidos de mujeres antes que los de hombres, a reducir los gastos y ayudas sociales en guarderías, hospitales, educación, como luego veremos. Son campañas previas fielmente realizadas por la prensa, por la Iglesia, por las editoriales que publican esas barbaridades e incluso por los partidos y sindicatos reformistas que han pacato en secreto el ataque a las mujeres trabajadora o que no quieren salir en su defensa.
Así se crea un clima social que ve bien la "vuelta de los valores eternos" de la maternidad, de la familia, de la castidad, de la obediencia al marido, etc. Es decir, previamente, y hay que insistir en esa secuencia nada fortuita, la sociedad capitalista ha endurecido sus sistemas de dominación de género, de alienación de las mujeres, de control ideológico, cultural y sexual para que buena parte de ellas acepten y hasta colaboren con el retroceso que se aproxima. Y las que se nieguen y resistan serán acusadas de locas, histéricas, pecadoras y "malas mujeres". No es casualidad, ni mucho menos, el que aumente la tasa de malestar psicosomático, afectivo y emocional de las mujeres cuando aumentan las agresiones que padecen. Por tanto, a la explotación y opresión multiplicadas se le añade, e incluso le precede, un aumento de la dominación.
Volvemos así a lo que hemos intentado explicar al comienzo de esta ponencia, las relaciones entre explotación, opresión y dominación. Ahora comprendemos más fácilmente las interacciones complejas entre esos diversos factores y su relación estructural con el proceso capitalista jerarquizado siempre alrededor de la ganancia de la clase dominante, que es el requisito básico para mantener y acelerar la acumulación ampliada del capital.
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